Una de las pocos objetivos que trajimos con nosotros al viaje era mantenernos alejados de las rutas turísticas y sumergirnos de lleno en los verdaderos paisajes naturales y humanos que dan forma a este país. En ese sentido uno de los momentos que de primeras más me impacto ocurrió durante el segundo día cuando desde la carretera divisamos un mercado en un pequeño pueblo (Matarka) y nos desviamos para verlo. Desde el primer momento en que aparcamos el coche fuimos el centro de atención de los lugareños, miradas de curiosidad y algunas de desconfianza mientras paseábamos igualmente curiosos por el mercado con nuestras cámaras colgadas.
Gran parte del mercado estaba destinado a la venta de animales, principalmente ovejas que mostraban orgullosos atadas en forma de cremallera. El trato que los animales reciben en Marruecos es bastante más rudo que el que podemos ver en España actualmente, no era raro ver a los pastores empujando a las ovejas a golpes mientras los animales gritaban y perros que con razón desconfiaban de todo ser humano que se les acercaba (especialmente niños..). También vimos de forma continuada durante todo el viaje gran cantidad de burros, utilizados como medio de transporte de personas y carga.
Aunque hablando de medios de transporte de mercancía, resultó sorprendente también ver la cantidad de camiones Ford antiguos y similares que poblaban las carreteras, todos de estilo similar e igualmente desvencijados.
Nuestra visita al mercado nos llevó varias horas mientras recorríamos sus puestos de especias, ropa, carnicerías, etc., disfrutamos de un rico tajine de cordero e incluso fuimos invitado e instruidos sobre el te marroquí en una jaima. Todo lo cual tendrá su propio post próximamente.
















