Estos últimos días todos hemos centrado la mirada en la luna, y aunque ayer su visión estuvo dificultada por las nubes, cuando se dejaba ver era algo de alguna manera hipnótico. Hace justo una luna llena mis compañeros de viaje y yo nos encontrábamos en una llanura de Erfoud acampados bajo un cielo casi nublado pero con una luna que igualmente lo iluminaba todo. Hicimos un fuego, cenamos y charlamos.
En un momento dado Misha cogió su didgeridoo, se subió a un montículo y comenzó a tocar mientras los demás permanecíamos en silencio. De forma instintiva, movido por el “misticismo” del momento, corrí a por la cámara, y comencé a hacerle fotos.
Y este es el resultado.

Es complicado expresar en imágenes el sentimiento y sabor del momento, la sensación de estar en medio de ninguna parte, tan lejos de casa y de la rutina viviendo una experiencia preciosa y enriquecedora, pero si hay una imagen que lo expresa para mi, es ésta.













